en las lindes del valle 1

Abril 10, 2008

así como va, dice A. 

huele a muerto al salir en la última estación del metro interestatal, al alcanzar el puente del que descienden siete escaleras hacia los paraderos a, b, c, d, e, f y g, en donde hacen fila los peseros blancos con dirección a ixtapaluca, ayotla, juárez y otras. huele como a mil quinientos cadáveres, como si ahí mismo tiraran todos los gatos muertos de la ciudad de méxico pero en dónde exactamente.  he estado al menos una docena de veces en esa estación, que de otro modo es la primera; ayer por fin me he enterado por qué huele así. en ese complejo que se ve a las faldas del cerro, se queman los huesos de las vacas que comemos. según dos muchachas que hacen cola detrás mío y se tapan la boca y la nariz con sus chamarras, no huele así por las mañanas- será que las vacas de esta ciudad mueren temprano y llegan tarde. miro al cerro y me pregunto si en efecto es un cerro y no un conglomerado chato de basura; lo examino  para comprobar la textura de su superficie, que suele delatar a este tipo de cerros - tienen pieles pútreas y poráceas pero extrañamente secas y casi compactas. la primera, he dicho.

la siguiente estación la alcanzo en pesero diez minutos después; la marca un puente y un olor a vómito dulce. como si todos los  habitantes de esta ciudad nos hubiéramos intoxicado con un cóctel de ácidos y hubiéramos corrido hacia ese paraje y  nos hubiéramos detenido ahí con la mano en la barda para verternos -puahj- en el río.  después… después no sé. pasamos una fábrica grande y vieja con grandes chimeneas que se encuentra parcialmente desmantelada y ocupa un terreno llano y seco. curiosamente: no hay vidrios rotos, los grandes ventanales han sido desmontados con cuidado. (una vez pasé por ahí leyendo la edición de cinco pesos de turgueniev que relata un sueño en el que cinco personas se hallan encerradas en una pequeña casa de interiores blancos, una pequeña casa rusa tradicional, atrapados frente a la visión de un mar ascendente, inminente; me parece que un niño llora y que un anciano mantiene puños y mandíbula cerrados aunque al fin, claro, todo cede.)

más tarde, en los bordes del camino que me acerca a A. venden autos usados y bases de madera apiladas, para qué son exactamente no sé pero debería- harían una buena pira para el rajá, sin duda, moriría también su mujer, quizás no la de verne. las muchachas hablan de una tal que en realidad no es bonita, tiene un cuerpo con forma que viste mal, todo pegado, ya sabes, y usa toneladas de maquillaje. tiene grumos y no es guera, y tal.

A. es un milagro que tiene su lugar aquí.   

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