puñal en mano

Abril 26, 2008

viernes por la noche. en la vecindad de al lado escuchan pedro navaja que comienza una y otra vez; las sirenas se repiten, pedro navaja se viste nuevamente y la música se acelera. entre actuación y actuación, se escucha el hielo de los vasos, el chirriar de las sillas y las risas de los vecinos que se cabulean: tú me dijiste, carmen, en esta colonia somos todos putos así que no te metas con nosotros.  pedro navaja comienza por décima vez pero con el volumen notoriamente disminuido, ahora llegan desde la calle las sirenas de verdad. 

en el patio de la vecindad caben una cantidad de voces concomitantes, hombres y mujeres que hablan y ríen, se escuchan y se interponen. los jóvenes estarán sentados en las ventanas de la fachada del edificio con sus motos y sus cinturones con aplicaciones metálicas y hablarán más bajo y reirán más graves; los veré en veinte minutos cuando vaya al oxxo a comprar cigarrillos y pase en frente procurando no pasar por tarada. los jóvenes desconfían de mí y se callan cuando paso, seguramente piensan que soy una tarada porque camino rápido. 

quién sabe. quizás los intimida mi vestido.

a los grandes no los intimidan en lo absoluto los camisones con que subo a regar las plantas de la azotea. a mí me intimidan un poco los grandes que me miran desde los pasillos pero me sirven de práctica y de statement: hace calor, chingados. no es un minor statement en esta ciudad que se acerca a los treinta grados con los suéteres puestos y los rebasa con shorts que llegan hasta las rodillas porque todo lo demás es acapulco (y aun en acapulco y en el agua, las playeras). aunque a lo mejor es el statement de una tarada para los muchachos apostados en la entrada de un edificio ocupado en un barrio en el que la gentrificación se hace llamar sicario.

 

 

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